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¿Cómo llegó Changó, rey guerrero yoruba, a compartir altar con Santa Bárbara, una mártir cristiana? La respuesta está en uno de los procesos culturales más fascinantes de América: el sincretismo religioso.
Los africanos esclavizados que llegaron a Cuba fueron bautizados a la fuerza en el catolicismo. Sus religiones estaban prohibidas o mal vistas; sus templos, sus linajes sacerdotales y sus calendarios rituales habían quedado del otro lado del océano. Pero la iglesia colonial les ofreció, sin proponérselo, un refugio inesperado: los cabildos de nación —cofradías organizadas bajo la advocación de un santo católico— les permitieron reunirse, tocar sus tambores y elegir a sus reyes y reinas. Allí, delante de la imagen del santo patrón, se cantaba y se rezaba también a los orishas.
Con el tiempo, cada orisha quedó asociado a un santo católico con el que compartía algún atributo: Changó, dueño del rayo y del fuego, con Santa Bárbara, patrona de los artilleros que se representa con una espada y vestida de rojo; Yemayá, madre y dueña del mar, con la Virgen de Regla, patrona del puerto de La Habana; Oshún, diosa del río y del amor, con la Caridad del Cobre, patrona de Cuba; Babalú Ayé, dueño de las enfermedades, con San Lázaro; Elegguá, el niño travieso de los caminos, con el Niño de Atocha o San Antonio; Oyá, dueña de la centella, con la Virgen de la Candelaria.
Es fundamental entender que el sincretismo no fue una simple “máscara” ni una fusión total. Como documentó Lydia Cabrera, las devotas que oían misa el domingo sabían perfectamente que, tras la imagen de yeso del santo, a quien alimentaban con sangre de sacrificio era al orisha africano, con su nombre, su carácter y sus exigencias propias. Ambos sistemas convivieron —y conviven— en paralelo: el creyente afrocubano tradicional podía mandar a decir una misa católica por sus muertos y, la misma semana, hacer ebbó con su santero. Hoy, algunas casas de santo, sobre todo las que buscan “reyorubizar” la práctica, cuestionan el sincretismo y prefieren separar al orisha del santo católico. Esa discusión contemporánea es, en sí misma, prueba de que la religión sigue viva y pensándose a sí misma.
Citas de las fuentes
- «Siempre los santos católicos han convivido en Cuba en la mejor armonía e intimidad —hoy francamente— con los santos africanos; del mismo modo que, antes, las patentes de los científicos, y actualmente la penicilina y las vitaminas, alternan con las yerbas.» — Lydia Cabrera, El Monte, capítulo I («El Monte»).
- «…de aquellas morenas tan devotas y buenas católicas no hubieran podido sospechar ni remotamente muchos señores que eran las mismas que, después de rezarle en el templo “a estilo de blancos” a la Virgen María, a Santa Bárbara o a la Candelaria, iban a derramar con redoblado fervor la sangre de un sacrificio sobre las piedras sagradas y vivientes que para ellas representan a estos mismos santos de la iglesia católica, pero con las exigencias, los nombres, la personalidad puramente africana de Yemmu, Changó o Yansa.» — Lydia Cabrera, El Monte, capítulo II («Bilongo»).
- «El más popular de los orishas, Changó, “Alafí-Alafí”, rey de Oyó y rey de reyes, Changó, Santa Bárbara, es inseparable del árbol más bello y sugestivo de Cuba. […] “El rey del mundo que se viste de punzó, el negro prieto y bonito que come candela”, el dios del fuego, desde la vara afilada y trémula de la palmera que se eleva al cielo, dispara sus flechas a la tierra.» — Lydia Cabrera, El Monte, capítulo IX («La Palma Real»).